lunes, 19 de noviembre de 2018

MONTAÑAS DE SUEÑOS



Montañas de sueños
y fangos escabrosos,
inspirados deslices
y monótonos vagones
que inician el ascenso
hacia cielos inmensos,
suben solos, inflados de helio,
alentados por voces anónimas
que se dan la mano bajo la mesa
cuando lo que les incumbe pesa,
pesa en los mass media,
pesa como un traje empapado
a la hora de nadar,
fuera lastres,
sin pesos,
sin dólares,
sin un solo euro ni dracma ni drama,
y es en ese momento de ingravidez, en plena luna,
cuando escucho el sermón del cura del pueblo,
pero yo pensaba que vivías en una ciudad, dicen al fondo,
sí, yo también lo pensaba, pero esto está resultando ser un pueblo,
y más que un pueblo una aldea, una miserable y fétida aldea,
yo también pensaba muchas otras cosas de esta ciudad,
de este país,
de este mundo que me rodea,
pero empieza a oler mal, al amanecer apesta,
pesa la vida, pesa la aurora frígida
que te acompaña desde siempre,
desde tu pubertad,
creo,
legañas tempranas,
piernas desmadejadas,
bufandas demasiado largas,
gafas de pasta cuando descansas
y con ojos cerrados saltas desde lo alto
a la comba,
abres el balcón y gritas,
gozas,
ríes y disfrutas
pero al rato te cansas,
es la alergia, dices,
pero no, no es alergia, pienso,
es la alegría visceral que te falta,
claro, dicen todxs, claro, es la alergia, pronto te dan la razón,
te la dan o te la quitan,
bailando tu sonrisa
en un guirigay barato
que te aplaca desde abajo,
desde tu estómago mal configurado,
desde tus intestinos repletos de detritus baratos,
desde tus pies que han caminado tantas horas
sin rumbo tras el arrebato,
desde tus rodillas repletas de esguinces
y oposiciones al gran califato,
desde tu dedo gordo que se ha vuelto débil, inútil y flaco
de tanto pisar desechos industriales
y mierda de contrabando,
salta,
salta a la comba,
comba la bota,
gravedad cero en esta parte del planeta zeta,
despierta,
¡despierta!, es de día en cada una de tus fiestas,
de tus dietas,
de tus metas,
de tus amplias cunetas,
de tus peinetas casuales,
de tus cantimploras de LSD que se elevan, siderales,
de tus caminos ocultos,
de tus brazos robustos,
de tus silencios adustos,
de tus calabozos herméticos,
de tus laberintos secretos,
azulados, intoxicados y bellos,
de tus aureolas de santos en extinción
que rutilan con desdicha, lujuria y misterio,
de tus cacerías golfas,
de tus conclusiones amorfas,
de tu sinfín de perdones
y tus barricadas de emociones,
de tu caleidoscopio analógico,
colores de verdad que surgen espontáneos, sin dueño ni amo
tras pagar mil pavos,
de tus visitas ciegas al refinado pravo,
de tus primeros trabajos
desganados y triviales,
de tus sueños una y mil veces acariciados
y guardados con desgana en el cajón del olvido barato,
de tus anhelos profesionales,
de tus carencias emocionales,
de tus miserias sexuales,
de tu mente bicéfala que sube la pendiente con las dos lenguas fuera,
la de hablar bien luce bifurcada
y la de hablar mal tiembla al borde de la arcada,
no hay ascensor, nunca lo hubo,
lo buscas pero lo que encuentras
es una nave interplanetaria para sobrevolar el mundo
sin moverse de casa,
tú toda la vida buscando un ascensor,
que es más cómodo, dónde vamos a parar,
le das a un botón y arriba o abajo,
cambias de planta,
qué guay,
y no has reparado en la nave interplanetaria
con destino incierto
que espera en el rellano,
una hermosa nave fulgurante
que apunta hacia el cielo,
grandiosa como tu imaginación diversa,
pero tú siempre caminando
en los pasillos del sistema,
chocando contra paredes revestidas de yeso y gena
y escuchando consignas desgranadas por una horda de hienas
que te inoculan el espeso tedio, el miedo,
te empujan al infierno,
llegadas casuales a fiestas de madrugada
en guaridas desconocidas
y apretadas despedidas infames,
si despedida llamas a salir corriendo, huyendo despavorida
cuando al despertar ves con quién has compartido el lecho
y no puedes dar crédito,
qué asco, qué angustia, qué miedo,
saltas y desapareces sin decir adiós,
atropellado camino al olvido,
dándote de bruces con el destino,
apurando los posos de los vasos vino,
aniquilando lo poco que atesoras de divino,
mostrando en la huida tu lado más felino
y más cochino, todo sea dicho,
un poco cerda ya eres, reconócelo,
bueno, en realidad nunca lo ocultaste,
flamante cerda que amo entre la niebla,
sí,
yo también desafino.


© Max Nitrofoska  

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