miércoles, 25 de marzo de 2026

¿DE QUÉ SE RÍEN MESSI Y TRUMP?

La reciente visita del astro futbolístico a la Casa Blanca

Lionel Messi y Donald Trump se saludan en la Casa Blanca durante la visita del Inter Miami. Fotografía de Yuri Gripas.
Foto: Yuri Gripas
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Donald Trump, mientras fantasea con convertir las ruinas de Gaza en complejos turísticos de lujo y va planeando quién debe gobernar un Irán bajo sus bombas, se permite el lujo de debatir si Messi es superior a Pelé.

La presencia de Messi y el Inter Miami en la Casa Blanca no fue un acto protocolario inevitable. Fue una inyección de capital simbólico para un líder que devora la imagen ajena para alimentar su propia mitomanía. Cabe preguntarse qué habrán sentido los miles de inmigrantes que el ICE persigue y deporta sin miramientos al ver al astro argentino sonreír y dar la mano al verdugo de sus derechos. Messi, con su asistencia, validó un espectáculo que podría haber esquivado con la misma frialdad con la que rechazó la invitación de Joe Biden en enero de 2025 para recibir la Medalla Presidencial de la Libertad. Si entonces pudo faltar, su presencia ahora solo admite una lectura: la connivencia, la validación, el acuerdo.

Añadiría: asco, vergüenza, rabia, putrefacción.

El doble rasero del negocio

La comparación deja a Messi en un lugar sombrío. En 2019, Megan Rapinoe y la selección femenina de EE. UU. plantaron a Trump tras ganar el Mundial. El presidente las tachó de «maníacas de izquierda», pero a Messi le dedicó halagos de fanático. El capitán argentino, que suele dejar en evidencia a sus rivales con el balón, quedó esta vez en un «offside» moral del que es difícil salir ileso. Ya sea por convicción o por las obligaciones de un Mundial que huele a corrupción, su figura quedó ligada a un personaje de moralidad infecta.

Mientras tanto, la FIFA de Infantino sigue frotándose las manos con la recaudación, ignorando que el mundo arde bajo misiles que despedazan niños en el Líbano, Gaza o Irán. Existe un doble rasero insoportable: se sancionó a Rusia por Ucrania, pero se mantiene la alfombra roja para un imperio que ha convertido el planeta en un lugar irrespirable. La infraestructura de México o Canadá sería alternativa suficiente para un Mundial que no debería mancharse con la sangre de operaciones bélicas como «Furia Épica», donde las escuelas se convierten en escombros.

Trump y Netanyahu son amenazas reales para la estabilidad global. Messi, una figura con un alcance incalculable, eligió una foto que nadie le obligaba a hacerse. Es difícil no compararlo con Maradona, quien no dudó en declinar la invitación de Carlos de Inglaterra para visitar el Palacio de Buckingham. «Sus manos están manchadas de sangre», dijo. Diego sabía dónde no debía estar. Messi, en cambio, ha preferido sonreir y bromear en el Salón Oval y regalarle su camiseta a Donald Trump. Debería limitarse a liderar en la cancha y evitar convertirse en el escudo publicitario de un sistema que asfixia al mundo.

Como dijo el gran Albert Camus, premio Nobel de literatura: «Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres lo aprendí jugando al fútbol».

Go home, Messi.

Texto: Max Nitrofoska

La primera potencia del mundo eres tú
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