Buenos días, habitante. ¿Cómo empieza el domingo?
Te propongo una forma de mejorarlo. Mi videopoemario. Algo que nunca has visto hasta ahora. Y eso no es decir poco. En este ➡️ ENLACE
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Buenos días, habitante. ¿Cómo empieza el domingo?
Te propongo una forma de mejorarlo. Mi videopoemario. Algo que nunca has visto hasta ahora. Y eso no es decir poco. En este ➡️ ENLACE
Hola, habitantes. Nos llegan las primeras fotos del evento de presentación de mi nuevo videopoemario, SUEÑO CON GRANDES SUPERFICIES LISAS, a cargo de la editorial LAS 15 LETRAS el pasado sábado 21. Aquí se las traigo.
Todas las fotos, obra del organismo avanzado Daniel Muaré
➡️ El videopoemario en este ENLACE ⬅️
Donald Trump, while fantasizing about turning the ruins of Gaza into luxury tourist resorts and planning who should govern an Iran under his bombs, allows himself the luxury of debating whether Messi is superior to Pelé.
The presence of Messi and Inter Miami at the White House was not an inevitable protocol act. It was an injection of symbolic capital for a leader who devours the image of others to feed his own mythomania. One must wonder what the thousands of immigrants pursued and deported without mercy by ICE must have felt upon seeing the Argentine star smiling and shaking hands with the executioner of their rights.
Messi, with his attendance, validated a spectacle he could have avoided with the same coldness with which he rejected Joe Biden's invitation in January 2025 to receive the Presidential Medal of Freedom. If he could be absent then, his presence now admits only one reading: connivance, validation, and agreement.
I would add: disgust, shame, rage, and rot.
The comparison leaves Messi in a dark place. In 2019, Megan Rapinoe and the US women's national team snubbed Trump after winning the World Cup. The president labeled them «left-wing maniacs», but for Messi, he offered the praise of a fanatic. The Argentine captain, who usually leaves his rivals exposed on the pitch, was caught this time in a moral «offside» from which it is difficult to emerge unscathed. Whether by conviction or due to the obligations of a World Cup that reeks of corruption, his figure became linked to a person of infected morality.
Meanwhile, Infantino's FIFA continues to rub its hands with the revenue, ignoring that the world burns under missiles that tear children apart in Lebanon, Gaza, or Iran. There is an unbearable double standard: Russia was sanctioned for Ukraine, yet the red carpet remains for an empire that has turned the planet into an unbreathable place. The infrastructure of Mexico or Canada would be a sufficient alternative for a World Cup that should not be stained with the blood of military operations like «Epic Fury», where schools are turned into rubble.
Trump and Netanyahu are real threats to global stability. Messi, a figure with incalculable reach, chose a photo that no one forced him to take. It is difficult not to compare him with Maradona, who did not hesitate to decline the invitation of Charles of England to visit Buckingham Palace. «His hands are stained with blood», he said. Diego knew where he should not be. Messi, instead, has preferred to smile and joke in the Oval Office and gift his jersey to Donald Trump. He should limit himself to leading on the field and avoid becoming the advertising shield for a system that suffocates the world.
As the great Albert Camus, Nobel Prize in Literature, said: «Everything I know most surely about the morality and obligations of men, I learned from football».
Go home, Messi.
By Max Nitrofoska
La reciente visita del astro futbolístico a la Casa Blanca
Donald Trump, mientras fantasea con convertir las ruinas de Gaza en complejos turísticos de lujo y va planeando quién debe gobernar un Irán bajo sus bombas, se permite el lujo de debatir si Messi es superior a Pelé.
La presencia de Messi y el Inter Miami en la Casa Blanca no fue un acto protocolario inevitable. Fue una inyección de capital simbólico para un líder que devora la imagen ajena para alimentar su propia mitomanía. Cabe preguntarse qué habrán sentido los miles de inmigrantes que el ICE persigue y deporta sin miramientos al ver al astro argentino sonreír y dar la mano al verdugo de sus derechos. Messi, con su asistencia, validó un espectáculo que podría haber esquivado con la misma frialdad con la que rechazó la invitación de Joe Biden en enero de 2025 para recibir la Medalla Presidencial de la Libertad. Si entonces pudo faltar, su presencia ahora solo admite una lectura: la connivencia, la validación, el acuerdo.
Añadiría: asco, vergüenza, rabia, putrefacción.
La comparación deja a Messi en un lugar sombrío. En 2019, Megan Rapinoe y la selección femenina de EE. UU. plantaron a Trump tras ganar el Mundial. El presidente las tachó de «maníacas de izquierda», pero a Messi le dedicó halagos de fanático. El capitán argentino, que suele dejar en evidencia a sus rivales con el balón, quedó esta vez en un «offside» moral del que es difícil salir ileso. Ya sea por convicción o por las obligaciones de un Mundial que huele a corrupción, su figura quedó ligada a un personaje de moralidad infecta.
Mientras tanto, la FIFA de Infantino sigue frotándose las manos con la recaudación, ignorando que el mundo arde bajo misiles que despedazan niños en el Líbano, Gaza o Irán. Existe un doble rasero insoportable: se sancionó a Rusia por Ucrania, pero se mantiene la alfombra roja para un imperio que ha convertido el planeta en un lugar irrespirable. La infraestructura de México o Canadá sería alternativa suficiente para un Mundial que no debería mancharse con la sangre de operaciones bélicas como «Furia Épica», donde las escuelas se convierten en escombros.
Trump y Netanyahu son amenazas reales para la estabilidad global. Messi, una figura con un alcance incalculable, eligió una foto que nadie le obligaba a hacerse. Es difícil no compararlo con Maradona, quien no dudó en declinar la invitación de Carlos de Inglaterra para visitar el Palacio de Buckingham. «Sus manos están manchadas de sangre», dijo. Diego sabía dónde no debía estar. Messi, en cambio, ha preferido sonreir y bromear en el Salón Oval y regalarle su camiseta a Donald Trump. Debería limitarse a liderar en la cancha y evitar convertirse en el escudo publicitario de un sistema que asfixia al mundo.
Como dijo el gran Albert Camus, premio Nobel de literatura: «Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres lo aprendí jugando al fútbol».
Go home, Messi.
Texto: Max Nitrofoska
Buenos días, habitantes. En nuestro Club de Lectura LA HERMOSILLA, este jueves 26 tendremos la suerte de contar con la presencia de Jorge Matías, el autor de LA FRONTERA AZUL, un viaje melancólico por la memoria y la pérdida escrito sin adornos, desde los huesos.
Reserva tu plaza en: lahermosilla.actividades@gmail.com
Solo se pide adquirir un libro en la librería.
Hasta pronto.
→Presentación del videopoemario SUEÑO CON GRANDES SUPERFICIES LISAS. Una charla entre el autor, Max Nitrofoska, y el editor Benjamín Escalonilla, editorial Las 15 Letras.
→2 performances: una llena de luz, la otra envuelta en sombras y humo.
→Al terminar nos tomaremos algo en la barra del patio del hotel.
¡VENIRSE!
→El videopoemario en este ENLACE
→Presentación videopoemario con Max Nitrofoska y Benjamín Escalonilla, director de la editorial Las 15 Letras.
→2 performances: una llena de luz, la otra envuelta en oscuridad y humo.
→Al terminar nos tomaremos algo en la barra del patio del hotel.
¡VENIRSE!
Este sábado 21, a las 19h presentamos, de la mano de la editorial digital Las 15 Letras, el videopoemario de Max Nitrofoska SUEÑO CON GRANDES SUPERFICIES LISAS. Tendrá lugar una performance del autor androide. Dos. Una bañada en luz, la otra apenas iluminada por un deseo.
Al terminar nos tomaremos algo en la barra del patio del hotel.
Coordenadas: este sábado 21 de marzo a las 19h. Hotel Petit Palace plaza de Santa Bárbara, Madrid.
Hay que seguir en movimiento.
Hay que seguir el movimiento.
Hay que seguir moviéndose.
No pensar en la caída,
que se producirá sin duda
en una de las muchas sombras oblicuas
del destino,
siempre resbaloso e incierto.
Sobre todo en tus manos.
O tal vez no.
Tal vez nada caiga, finalmente,
porque cada día que pasa
te veo más dotes de prestidigitador,
de trapecista veloz que surca los cielos
en busca de una promesa formal y aérea,
una promesa que se base
en las respiraciones adversas,
en el flujo genital y gástrico
de las personas que conforman
esa carpa abrasadora
en la que se mueve tu circo,
con sus estrellas fugaces,
sus caprichosas veladas
y sus destellos uniformes,
muy uniformes.
Y caducos.
Que caducan.
Que ya han caducado,
para ser más precisos.
Hay que seguir en movimiento.
Hay que seguir el movimiento.
Hay que seguir moviéndose.
Hay que tener en cuenta a los payasos, también,
en este circo.
Sobre todo al triste,
que es el que lleva una sonrisa permanente
pintada en la cara.
Volviendo a lo nuestro:
aquella disculpa que no supiste,
que no supe pronunciar a tiempo.
Aquel guiño de ojos, o fue un pestañeo
que te pasó, me pasó desapercibido.
Es ahí donde se tuerce,
es ahí cuando la carpa,
con sus flamantes toldos en ruinas,
con sus estandartes de vivos colores
te asfixia,
me asfixia.
Es ahí donde se tuerce la sonrisa
y todo lo demás.
Hay que seguir en movimiento.
Hay que seguir el movimiento.
Hay que seguir moviéndose.
Hay que olisquear y hay que resoplar.
Es necesario mantener un comportamiento animal,
vertebrado, siempre.
Los mamíferos tenemos sueño.
Los mamíferos tenemos hambre.
Sueño con grandes superficies lisas.
© Max Nitrofoska
→El videopoemario en este ENLACE