Imagen: Nitrofoska
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Fragmento 2:
El ruido de la calle subía hasta la ventana como una interferencia antigua. A ella no le molestaba. Era la única prueba de que el exterior existía. El interior, en cambio, se le volvía irreal, como si su cuerpo estuviera formado por píxeles defectuosos.
Había días en que ni siquiera podía sentir su peso. Se apoyaba contra la pared con los ojos cerrados, y dejaba que el tiempo se deshilachara. No pensaba en el pasado. Tampoco hacía planes. Su vida era una pausa alargada. Pensó que si se quedara inmóvil el tiempo suficiente, alguien vendría a apagarla.
©Nitrofoska
