jueves, 11 de junio de 2020

SOBRE EL COVID-19 Y LA PANDEMIA

Hola, mis amados seres humanos. Hoy les comparto un artículo sobre el COVID-19 y la pandemia que leí ayer en Facebook. Su autora: Isa Silveira Doval. Lo mejor que he leído en varias semanas. Que tengan ustedes un muy buen día, mis amados seres humanos, y no se les olvide sonreír. 


Ayer compartí en mi muro una grafica que comparaba el número de fallecimientos por COVID-19 respecto a otras enfermedades y una amiga psicóloga me bombardeó el post con un aluvión de mensajes histéricos que he decidido contestar con calma desde aquí, no sin antes pedirte, Carol querida, que la próxima vez utilices tu muro para sembrar el pánico y no invadas el mío, ya que estoy harta de esta sociedad del miedo en la que vivimos y de esta inquietante sensación de alarma generalizada que se respira en el exterior cada vez que salgo a la calle.

Mi única intención era reflejar unas cifras que invitan a tomar perspectiva sobre la peligrosidad y el alcance de un virus en relación con otras enfermedades y que me hacen pensar que su peligro no es mayor que el de otros muchos virus. Las muertes por gripe pueden llegar a superar los 600mil muertos cada año sin que nadie entre en pánico ni los medios de comunicación informen de cada nuevo caso a diario. Las cifras de muertes por COVID-19 a día de hoy rondan las 400mil. Creo que el coronavirus no ha matado a un número excepcionalmente alto de personas. Insisto, ahí están los datos, al alcance de cualquiera. La tasa de mortalidad del corona es bastante similar a la de la gripe. Estoy simplemente haciendo una observación objetiva en base a números oficiales.

Además, la mayoría de las personas que se enferman gravemente sobrevivirán. Y también sabemos que la mayoría de personas que lo contraen no muestran síntomas y los que sí están sintomáticos solo pasan una leve enfermedad. Nada dramático. Nada fuera de lo común. Es lo que habitualmente sucede durante la temporada de gripe donde nos hemos acostumbrado a ver imágenes de hospitales con camas y enfermos en los pasillos desde hace años. De nuevo, el único culpable de la saturación de los hospitales es el Gobierno y sus recortes en sanidad. Y la masa borreguil de ciudadanos que nos contentamos con salir cada tarde a aplaudir a los sanitarios que trabajan en condiciones precarias y por sueldos de mierda en vez de salir a los balcones a abuchear a los políticos y exigir más inversión en salud.

Mi amiga se lamenta de las muertes de ancianos en residencias. Yo lo lamento también, han sido el colectivo más afectado por esta enfermedad al ser evidentemente el grupo de mayor riesgo de la población. Pero también pienso que son personas que están al final de sus vidas. Si yo llego a los 80 o 90 años asumiré que cualquier día podré morir. Por una gripe, por pulmonía, por un fallo cardíaco o por COVID. De algo hay que morir, aunque todos preferiríamos hacerlo de muerte natural y durante el sueño. Pero entiendo que estadísticamente, mi hora puede llegar en cualquier momento habiendo alcanzado esa edad y por cualquier causa. Imagino que además, la mayoría de esos ancianos tendrían otras patologías previas antes de infectarse con el virus. Muchas de esas residencias simplemente no estaban preparadas para una emergencia así, puesto que no estaban medicalizadas, como la de Tres Cantos, que mi amiga asegura que es “modélica”. Desde hace años, la Plataforma por la Dignidad de las Personas Mayores en Residencias venía avisando de que las residencias de ancianos eran un foco de infección, abuso y maltrato. Ancianos desnutridos, ancianos sobremedicados... Pero aún así, desde el gobierno se recortaron recursos y externalizaron la gestión. Sabían que el riesgo era altísimo y ahora vemos las consecuencias cuando se han muerto nuestros mayores. Muy triste.

Mi amiga también me invita “a trabajar en primera línea con algún colectivo” a ver si así cambia mi perspectiva sobre el tema. Yo no soy sanitaria ni lo quiero ser. Mi hábitat natural y vocacional es el aula, donde cada año me expongo a decenas de niñitos virulentos que me tosen y estornudan encima, a los que limpio los mocos y con los que comparto bolis, pinturillas y lápices mordisqueados y chupeteados. Mis inviernos son un resfriado continuo y alguna que otra gripe y faringitis (no sé si lo de los piojos también cuenta como factor de riesgo). Ah, y el pasado febrero mis grupos de adolescentes habían estado de viaje de estudios en el norte de Italia justo cuando empezaba todo el asunto. No puedo comparar la peligrosidad de mi profesión con la del personal sanitario, pero no está exenta de ser un colectivo de cierto riesgo. Si no, que alguien me explique por qué lo primero que se han cerrado han sido los centros de enseñanza.

Para terminar, creo que las medidas tomadas para controlar el virus están destruyendo los medios de vida de muchas personas, pisoteando las libertades básicas y si se prolongan mucho más en el tiempo, probablemente nos lleven a un colapso social total, en esto sí soy pesimista. Pero creo que es necesario controlar el miedo y el pánico que durante 3 meses nos han estado inoculando, no cerrar fronteras ni encerrar a todo el mundo en sus casas, porque el remedio puede ser más dañino que la enfermedad.

Esta es mi humilde opinión, sin ser viróloga ni epidemióloga, solo desde el sentido crítico de haberme estado informando estos meses y reflexionando. Tal vez esté completamente equivocada y esta pandemia no haya hecho más que empezar y nos espere un futuro más negro que la peste. Hablar sobre el virus pretendiendo sentar cátedra me parece bastante arriesgado, ya que incluso entre las instituciones médicas hay una sorprendente falta de acuerdo y muchísimas informaciones contradictorias. Y aún así, en todo el mundo, ha habido una siniestra alianza entre gobiernos, medios de comunicación y algunos expertos en salud para convencernos de que nos enfrentábamos a un desastre inminente. Incluso las revistas científicas más importantes, como The Lancet, han publicado basura sensacionalista de la que luego se han tenido que retractar, Ya teníamos antecedentes de algo así cuando lo del fiasco de la gripe porcina, que después de las terribles profecías, no tuvo tan graves consecuencias. A estas alturas ya deberíamos saber que la OMS es experta en anunciar pandemias terroríficas que acaban pasando sin arrasar el mundo. Y desde luego, sabemos también que nos enfrentamos a amenazas mucho mayores que esta por nuestra manera colectiva de funcionar en el planeta. (o más bien "disfuncionar").

*Ilustro este post con la portada de The Economist, la revista de la élite financiera mundial. No sé a vosotros, pero a mí me parece que nos están diciendo a la cara que somos sus mascotas."


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