Fragmento 2:
Volar no es una conquista, es un regate. Mis extremidades no obedecen: negocian. Avanzo acompañado por un ruido persistente, el roce de una tela mal plegada que delata la fragilidad del ascenso. No miro abajo. No es miedo, es hastío. El suelo siempre ha sido un elemento insistente, ordinario, convencido de su derecho natural a reclamar lo que le pertenece. Arriba no hay épica, solo una lucidez incómoda: nadie te sostiene. Todo equilibrio es temporal.
Volar se parece demasiado a acertar por error. Es el arte de desviarse justo antes del impacto. Un desplazamiento lateral, una orden mal leída, y de pronto el sistema empieza a funcionar desde dentro, por pura inercia del fallo.
Sigo avanzando. No para llegar, sino para no caer todavía.
©Nitrofoska
