jueves, 9 de noviembre de 2017

Arturo y el 18N (3)

Arturo quería llegar hasta la cruz. Lo había soñado en muchas ocasiones. Alcanzar la enorme cruz de madera oscura que se elevaba en la cima de la montaña y bajo cuyo halo la aldea en la que vivía quedaba protegida. Las cosechas eran regulares y abundantes, sin gorgojo ni plagas. Las vacas daban el doble de leche que en otros lugares, y los niños crecían sanos y felices, con una sonrisa resplandeciente brillando en sus rostros inocentes.

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Arturo quería llegar, quería comprender. Con lo cual, tras una larga y penosa ascensión, llegó a lo alto de la montaña e hizo una profunda reverencia ante la cruz. Le preguntó sin palabras cuál era el secreto, por qué su sombra, la sombra de la cruz hacía que el mundo fuera bueno, amable, cálido, bondadoso. También le preguntó si esta bonanza duraría eternamente o se iría como el buen tiempo. Arturo no estaba preocupado por nada en concreto, sencillamente le parecía demasiada dicha lo que estaba sucediendo en su vida desde que la cruz apareció como por arte de magia en la cima de la montaña sobre cuyo valle se extendía su aldea. También le preguntó qué o quién la había colocado ahí, de dónde venía.

Tras un largo silencio, la cruz le contestó a Arturo: “Vengo de la nebulosa XR54, amado ser humano. Me trajo el androide Nitrofoska. Y no sé mucho más, porque me dejó aquí y se fue. Al parecer el 18N a las 21h tiene una actuación sideral en el Closet Club de la calle Santa Ana. Puedes ir allí y preguntárselo tú mismo. Yo creo que dará respuesta con sinceridad a tus inquietudes humanoides. Y de paso dile que venga pronto a sacarme de aquí, que no veas el frío que hace en tu pueblo, muchacho.”

Y Arturo fue al 18N.

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