miércoles, 25 de julio de 2018

RESENTIDO Y ACHICHARRADO ENCERRADO EN CASA EN JULIO



Me gusta verte sonreír resentido y achicharrado,
comer ese atún reseco,
me recuerdas a una persona que conocí
en un viaje por Asia,
ese continente lleno de chinos
y orientales,
pero esa persona de la que te hablo
no es de China sino de Vietnam,
que está cerca de China pero no es China,
esto es una cosa que ahora la tienes clara,
pero durante mucho tiempo pensabas, estabas seguro
de que todo el que tuviera ojos rasgados
y piel amarilla era de China,
al poner etiquetas te quedabas solo,
dueño de la certeza,
dueño de la ley,
dueño de la moral ilesa.

Me gusta verte sonreír resentido y achicharrado,
ver cómo bajo tus ojos se abre un cielo infinito,
y sabes
que hay un abismo entre quedarte sentado
e intentar dar el salto,
saltar al espacio,
moverte despacio,
hipnotizado,
mientras regresan el puma, el hurón y el camello
al oasis,
el oasis que imaginaste,
que también es solo una etiqueta,
una de tus muchas malditas etiquetas,
un poco más húmeda, eso sí,
y tal vez no esté en Asia sino en algún lugar de África,
o en el rincón más apartado de tu propia casa,
un charquito de agua que se te cayó cuando tendías la colada,
ahí, junto a la nevera,
que por cierto hace un ruido insoportable,
continuo,
se te mete como un clavo en el cerebro,
y esto,
solo esto es la música de tu vida,
no una gloriosa sinfonía,
sino una nevera descompuesta que ni siquiera enfría,
que forma un charco resbaladizo y tibio,
que suena como una mofeta,
una molesta corneta,
suena sin parar y harto ya la desconectas, chack, ¡se acabó!
¡Vete con tu puto ruido a otra órbita!,
¡a la estratosfera, maldita nevera!


Qué silencio…
qué maravilla…

Me gusta verte sonreír resentido y achicharrado,
hace como 40 grados aquí,
en la Tierra,
se me va la cabeza y…
oye, que con 20 grados y brisa marina también se te va la bola,
no pongas tontas excusas,
que ahora sin corriente pronto se descongelará el frigo,
y entonces se formará un buen charco de verdad,
esto sí será un oasis en condiciones,
lo conseguiste,
todo el mes de julio metido en Madrid
pensando en Asia
y un charco en tu cocina
del tamaño del lago Ness,
con su bonito monstruo y todo,
un monstruo que una mañana se levanta enfurecido
y te echa a la calle,
te tira de tu propia casa,
¡adiós amigo!

Me gusta verte sonreír resentido y achicharrado,
te ves ahora en la puta calle
a las 12 del mediodía,
40 grados a la sombra
y empiezas a echar de menos el ruido
de tu paralítica nevera,
empieza el delirio,
el espejismo divino,
¡vuelve, vuelve, mayestática cigarra!,
¡sigue, sigue, con tu grácil graznido!
¡No dejes nunca de rascar el aire inflamado!,
¡envuélveme con tu manto rasposo y desafinado!
¡Te amo nevera mía, te amo frigorífico sublime!
Vuelve al hogar, magnífica heladera,
tu más humilde siervo te espera,
tu más fiel esclavo venera tus brillantes cubitos de hielo,
tu blanca escarcha rizada la quiero,
hazme sentir tu nebuloso aliento.
Te extraño, amada nevera mía,
te necesito tanto...
vuelve a tu hogar,
vuelve a tu casa,
hazme sentir el resplandor de tu mirada de neón
y el frío cuchillo de tu corazón de hielo,
te quiero,
te quiero.
Me gusta verte sonreír resentido y achicharrado.
Pero no te acerques tanto.

© Max Nitrofoska   

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