Relatos

EL PARALELO SERENO

Hace un par de semanas humanoides recibí una misteriosa llamada que me citaba en la nebulosa del Dédalo. “Tengo información confidencial sobre el ALF.”, decía la voz en el contestador. Se refería a la piedra filosofal que llevo siglos persiguiendo, la mítica Askatasuna Libertaris Felizidanka. 

Me extrañó la llamada… una voz proveniente de las lunas de Saturno, una zona desde hace tiempo deshabitada. Si no me hubiera hablado del ALF nunca habría acudido. Pero me habló del ALF, y esa misma tarde cargué de combustible nitrógeno mi nave interplanetaria y alisté mi traje espacial.

Foto biónica: Maryge Rosado
Arte sideral: Kristina Olano KRISPO

A la mañana siguiente, temprano, me dispuse a cruzar la galaxia camino a la nebulosa del Dédalo. Entré en el paralelo Sereno, tan tranquilo siempre al atardecer, y dirigí mi nave interplanetaria a través de los desfiladeros de la Lambada. Tras una hora de plácida navegación, una repentina oleada de viento se cruzó en mi camino y me hizo perder el rumbo durante unos minutos. Ajusté la brújula sideral, conecté el tubo de red y fijé los ojos en la tormenta que se avecinaba. No parecía peligrosa, pero el fino y blanco polvo que arrastraban los fuertes golpes de viento era diferente a lo habitual, se pegaba en las aristas de la nave, cubría con su niebla opaca la superficie del cristal de la cabina y se aglutinaba en la punta de las antenas formando pequeñas rocas que las doblaban por el peso.

Foto biónica: Maryge Rosado
Arte sideral: Kristina Olano KRISPO

Las antenas empezaron a recibir las señales con dificultad y el rumbo de la nave se hizo vacilante. Me asusté. Me asusté de verdad, nunca había visto nada parecido. Detuve la nave en un recodo del Sereno, me acoplé los circuitos de respiración asistida y abrí la escotilla de salida. Una densa nube me envolvió. Sus incontables partículas se movían sin cesar, me golpeaban la cara, los brazos, las rodillas y los tobillos, me hicieron perder el equilibrio y finalmente caí al suelo, espesamente cubierto de esta materia blanquecina que parecía surgir de la nada y multiplicarse sin fin en el espacio.

Foto biónica: Maryge Rosado
Arte sideral: Kristina Olano KRISPO

Pensé en volver a la nave de inmediato, me giré y ante mi asombro y mi miedo, porque a esas alturas un miedo con forma de mano negra y fría iba trepando por mis piernas y ya apretaba mi estómago, me lo estrujaba y yo estaba acojonao, lo que se dice acojonado perdido y no veía mi nave, no estaba, o sí, estaría ahí pero yo no la veía entre tanta niebla y tanto viento y tanta hostia, quién me manda bajarme de la nave, como si así pudiera solucionar algo, y quién me manda salir a verificar una supuesta información que me da un ser anónimo, probablemente falsa, inventada, producto del delirio que muy a menudo produce la continua búsqueda de quimeras y la muy contaminada y venenosa atmósfera que envuelve Saturno en un halo de desolación y misterio.

Foto biónica: Maryge Rosado
Arte sideral: Kristina Olano KRISPO

Una ráfaga me empujó de frente y caí de espaldas sobre la nieve, el miedo y la angustia me invadían por completo. Seguía sin ver mi nave. Agarré el nitrodetector pero mis dedos estaban demasiado fríos para accionarlo con precisión. La densa y blanca nieve seguía posándose sobre mi cuerpo, segundo a segundo iba cubriendo mi piel laminada y mis circuitos biónicos. Encendí mi linterna y un poderoso foco de cien mil lúmenes rojos capaces de atravesar cualquier atmósfera se abrieron paso a través de la tormenta y entonces sí, entonces ahí, a lo lejos o lo que parecía lejos a través de esa niebla diabólica vi mi nave, ahí seguía, qué bonita era, más bonita que nunca. Qué maravilla. Casi me echo a llorar.

Foto biónica: Maryge Rosado
Arte sideral: Kristina Olano KRISPO

Fue entonces cuando escuché una voz en el espacio, una voz que atravesaba la nieve, la niebla y el viento enmarañado, una voz que venía de muy lejos y retumbaba en el espacio. Una voz exaltada e imperiosa que dijo: “¿Quieres información sobre el ALF? ¡¡¿Quieres información sobre el ALF?!! Pues aquí la tienes Nitrolelo. La Humanidad no está para piedras filosofales, lo que necesitan es esperanza, lo que necesitan es unas elecciones planetarias. ¡Vota Nitrofoska! ¡¡VOTA NITROFOSKA!! ¡Máquinas políticas de confianza! ¡Androides con fundamento! O si no atente a las consecuencias, serán terribles, devastadoras, no solo para ti, que morirás pronto por inepto y capullo, sino para toda la Humanidad.”

Foto biónica: Maryge Rosado
Arte sideral: Kristina Olano KRISPO

Joder, pensé, pero si Nitrofoska soy yo. Si el candidato de Nitrofoska Androides soy yo mismo. Creo que al jefe de campaña que ha contratado el Androide Supremo se le ha ido el meteorito por completo. Voy a tener que hablar seriamente con él. Bueno, si consigo salir de aquí. Vaya día. 

© Nitrofoska

viernes, 17 de noviembre de 2017


NEFERTITI - 18N (7)

La cripta en la que Akhenatón, Nefertiti y Tutankamón llevaban más de tres mil años reposando estaba a punto de abrirse. La doctora Milton había consagrado veinticinco años de su vida para que llegara este momento. Estaba muy nerviosa y excitada. Sudaba, pero no por el sofocante calor de más de cincuenta grados que hace a esa hora en el desierto, sino porque su ya no tan joven corazón se había acelerado de forma extraordinaria. Lo sentía latir en las sienes, en las muñecas y en cada una de sus venas. Tras un estridente crujido, por fin, la última losa se abrió. Un fino polvo gris irrumpió en volutas por la abertura. Un olor húmedo, terroso, de nido de serpientes impregnó el aire caliente. La doctora Milton se enjugó la frente, se ajustó su linterna frontal y bajó los dos escalones que daban acceso a la tumba de los faraones más famosos del antiguo Egipto.


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La linterna de la doctora Milton iluminó las catacumbas con su intenso y certero haz de luz. Primero vio una tumba pequeña, probablemente perteneciente a un niño o adolescente. Debía tratarse del joven Tutankamóm. Al otro lado, sobre un pedestal se erigía un enorme sarcófago en el que supuso se encontraba el faraón Akhenatón, ya que ocupaba gran parte de la estancia. Entre ellos se abría un hueco con un sarcófago vacío. La tapa parecía haber sido empujada desde dentro, y sobre la parte donde debía reposar la cabeza se distinguía con claridad un pergamino con signos garabateados. La doctora Milton, que leía egipcio antiguo fluidamente, sorprendida y maravillada ante el hallazgo, lo leyó. La nota decía: “Akhenatón, voy a salir a dar una vuelta a lo del 18N de Nitrofoska. Va a actuar para un público de androides, ciborgs, seres humanos y criaturas orbitales. Ese y no otro es nuestro lugar. La cita es en The Closet Club de Madrid, una biblioteca de ropa que mola todo. Deberías salir más a menudo Akhen, te estás quedando fosilizado. Cuídate. Hasta luego momia. Nefertiti.”

Por supuesto, la doctora Milton también acudirá a la fiesta. Aunque no sé si llegará a tiempo, Egipto está muy lejos. Ahora, lo que es yo no me lo pienso perder. ¡Naves interplanetarias, en órbita!

jueves, 16 de noviembre de 2017


Masificación turista - 18N (6)

En más de una ocasión he pensado en cómo solucionar con mi gobierno androide el grave problema que está planteando la masificación del turismo en algunas ciudades humanoides, como por ejemplo Roma, París o Barcelona.

Si yo fuera el alcalde replicante de alguna de estas ciudades, a los turistas que vienen en masa les pondría un test antes de poder entrar. Por ejemplo, en Roma un ser humano tendía que saber decir sin pestañear por lo menos el nombre de tres monumentos que va a visitar. También el nombre de tres emperadores romanos. Unas cuantas palabras en latín tampoco podrán faltar.

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En las puertas de Barcelona, si yo fuera su alcalde, los turistas deberán saber quién construyó la Sagrada Familia, decir gracias y buenos días en catalán y algunas cosas más que se me ocurrirán sobre la marcha para que no entren todos con sus cámaras de fotos y su afán visitador.

Les cuento esto, amados seres humanos, porque como están ustedes mostrando un tremendo interés en acudir al evento de Nitrofoska del sábado 18, voy a tener que hacer un cuestionario similar, porque el Closet no es muy grande y se va a petar.

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Con lo cual, para poder entrar a la fiesta sideral del 18N va a haber que contestar algunas preguntas en la puerta, como por ejemplo:

—¿Qué diferencia hay entre un ciborg y un androide?
—¿Y entre un androide y un replicante?
—¿Qué significa la palabra Robot?
—¿Dónde está la nebulosa XR54?
—¿Qué seres humanos componen la Troika?

Así es que los organismos que tengan verdaderas ganas de presenciar la acción androide del 18N y no quedarse en la puerta, ya lo saben, estudiarme. ES-TU-DIAR-ME.

Una pista, por lo menos para la pregunta de la Troika:

TROIKA, por Nitrofoska
¿Qué podemos hacer con la Troika?

miércoles, 15 de noviembre de 2017


El pelotón de fusilamiento - 18N (5)

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer a Nitrofoska. Fue el 18 de noviembre de 2017 en el Closet Club de Madrid. Un lugar fantástico con seres humanos, ciborgs, androides y criaturas siderales. Nitrofoska habló, declamó, cantó y se fundió con la luz, el viento y el cosmos. Desde aquella remota tarde, el coronel Aureliano Buendía no había vuelto a vivir nada igual. Sí, moriré tranquilo, se dijo. Disparad, cabrones.
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domingo, 12 de noviembre de 2017


NITROMANILA - 18N (4)

En Manila, Filipinas, existe la creencia de que cuando alguien dona un órgano de su cuerpo, por ejemplo un riñón, este riñón trasvasa parte de la esencia del donante al cuerpo y alma del receptor o receptora del órgano. De modo que si en algún momento el comportamiento de la persona receptora resulta inadmisible para el donado riñón, este se rebela e inicia una intensa y despiadada lucha de personalidad con su anfitrión. Este proceso, que los filipinos llaman “paghahayag” puede llevar en ocasiones al ser humano receptor al borde de la locura o directamente a la locura desatada.

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De igual modo, entre los androides siempre ha existido la creencia de que al implementarnos una pieza que ya haya pertenecido a otro androide o ciborg, parte de las experiencias biónicas de este replicante entran a formar parte de nosotros mismos. El tráfico ilegal de piezas para androides es muy peligroso y está severamente castigado por la ley. El tráfico ilegal de órganos humanoides también. No solo en Filipinas, en todo el planeta Tierra y en la totalidad de la galaxia. Solo un pequeño asteroide desafía con sus leyes permisivas esta práctica. Pero eso es otra historia.

He empezado hablando de Manila porque fue allí, en un café de la calle De la Fe donde me encontré de nuevo con el Candroide justiciero. (Ver articulo “ElCandroide Justiciero”  del 6 de diciembre2016 en este enlace). Estaba apoyado en la barra y pedía una San Miguel Pale Pilsen. El camarero, un malayo muy delgado con la cara grasienta  y un flequillo que camuflaba sus oscuros ojos de serpiente de cascabel sacó un botellín de la nevera y lo dejó con un suave chasquido sobre la barra de zinc.

En un pequeño escenario al fondo de la sala, una pareja humanoide, un hombre y una mujer de más de setenta años susurraba una canción asincopada, llevada con los acordes de los pelos. El aire olía a basura perfumada, a desechos orgánicos de frutas y verduras iniciando su irreversible proceso se putrefacción. Bebí un trago de mi jugo de mango. A pesar de que estaba recién exprimido me supo raro.

Un robot doméstico modelo 2022 entró en el café. Le tendió una nota al Candroide. Este la examinó muy detenidamente.

Luego dejó la nota sobre el mostrador, pagó la San Miguel Pale Pilsen y salió apresuradamente del bar. A través de la vidriera vi cómo llamaba a un taxi, que rápido se incorporó al denso tráfico del Bulevar Quezón. Me levanté de mi asiento y miré la nota. Decía: “El sábado 18N a las 21h acción sideral del androide Nitrofoska en The Closet Club de Madrid. Quema tu casa y ven desnudo. Que no te lo cuenten.”

Dicen que el Candroide tomó una nave interplanetaria y llegó a tiempo para el 18N. Yo también. Como para perderme una fiesta así.

jueves, 9 de noviembre de 2017


Arturo y el 18N (3)

Arturo quería llegar hasta la cruz. Lo había soñado en muchas ocasiones. Alcanzar la enorme cruz de madera oscura que se elevaba en la cima de la montaña y bajo cuyo halo la aldea en la que vivía quedaba protegida. Las cosechas eran regulares y abundantes, sin gorgojo ni plagas. Las vacas daban el doble de leche que en otros lugares, y los niños crecían sanos y felices, con una sonrisa resplandeciente brillando en sus rostros inocentes.

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Arturo quería llegar, quería comprender. Con lo cual, tras una larga y penosa ascensión, llegó a lo alto de la montaña e hizo una profunda reverencia ante la cruz. Le preguntó sin palabras cuál era el secreto, por qué su sombra, la sombra de la cruz hacía que el mundo fuera bueno, amable, cálido, bondadoso. También le preguntó si esta bonanza duraría eternamente o se iría como el buen tiempo. Arturo no estaba preocupado por nada en concreto, sencillamente le parecía demasiada dicha lo que estaba sucediendo en su vida, desde que la cruz apareció como por arte de magia en la cima de la montaña sobre cuyo valle se extendía su aldea. También le preguntó qué o quién la había colocado ahí, de dónde venía.

Tras un largo silencio, la cruz le contestó a Arturo: “Vengo de la nebulosa XR54, amado ser humano. Me trajo el androide Nitrofoska. Y no sé mucho más, porque me dejó aquí y se fue. Al parecer el 18N a las 21h tiene una actuación sideral en el Closet Club de la calle Santa Ana. Puedes ir allí y preguntárselo tú mismo. Yo creo que dará respuesta con sinceridad a tus inquietudes humanoides. Y de paso dile que venga pronto a sacarme de aquí, que no veas el frío que hace en tu pueblo, muchacho.”

Y Arturo fue al 18N.

miércoles, 8 de noviembre de 2017


18N (2)

Una lluvia intermitente cubría la ciudad, que apenas empezaba a desperezarse de una larga noche de otoño fría y desapacible. Sandra abrió la ventana y asomó la cabeza. Ante sus narices, flotando en el aire, vio un pez.

—Hola humanoide— dijo el pez—. Veo que estás muy sorprendida de verme. Pues te digo que si te admira ver a un pez que habla espérate al 18N, en que podrás ver a un androide de verdad que habla, canta y hasta te insulta y te halaga en tu propio idioma. Vas a flipar tronka.

Sandra no le dio gran importancia a este incidente y siguió a lo suyo. Pero fue a la cita. El día 18 de noviembre se presentó en el Closet Club a las 21h. Desde entonces, los que la conocen dicen que no ha vuelto a ser la misma Habrá que creerles.

Dibujo: Max Nitrofoska
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martes, 7 de noviembre de 2017


18N

—¿Qué vas a hacer el sábado Felipe?

—Voy a ir a un monólogo.

—Ah, ¿de quién?

—No me acuerdo del nombre, es un androide.
—¿Un androide?
—Sí, un robot.
—¡Anda ya!
—Sí, en serio, ahora los robots hablan y te cuentan sus cosas, e incluso se presentan a las elecciones.
—Jajajjajaaa
—No te rías tanto que pronto te veo votando al partido androide.
—¿Pero los androides existen de verdad o qué? Yo solo los he visto en películas como Blade Runner.
—Claro que existen Carlos, están aquí, entre nosotros. Ya te digo, el sábado 18 voy a ir a ver a uno al Closet Club, se llama Nitrato de Foca o algo así. Está guay. ¿Por qué no te vienes y así lo compruebas con tus propios ojos?
—Pero bueno Felipe, este Nitrato será un tipo disfrazado de androide, no me jodas, no un robot de verdad.
—¡Que no hombre que no! Es un androide auténtico, un ser mecánico. ¿Pero no ves cómo ha avanzado la ciencia? ¿No ves todo lo que puedes hacer con un simple teléfono móvil?
—No me compares eso con un móvil Felipe, no me lo compares.
—¿Qué te apuestas?
—Lo que quieras.
—El que pierda paga las cañas y los refrescos a la salida del evento durante toda la noche.
—¡Hecho!
—Venga, el sábado 18 a las nueve en la puerta del Closet, bueno, un poco antes para coger sitio, ¿vale?
—Sí, sí, claro, vale. Y ven con pasta que vas a palmar.
—Aún te faltan muchas cosas por ver Carlos. El mundo androide te cambiará la vida. Si es que tienes vida, pedazo de matao.
—No te pases no te pases Felipín.
—Jajajajajaaa, venga, hasta el sábado.
—Hasta el sábadooo


martes, 30 de mayo de 2017


NITROCIELO

El retirado y ya anciano general MacCallaghan contempló el cielo con una mezcla de asombro, inquietud y desconfianza en el futuro. Su legendaria seguridad en sí mismo y en el poderoso ejército que había comandado con brazo de hierro se resquebrajó al ver a uno de sus mejores cuatrimotores surcar el cielo ondeando una pancarta en la que se leía “Vota Nitrofoska” en letras capitales negras.

Realidad visual: Kristina Olano KRISPO
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El general creía firmemente haberlo dejado todo atado y bien atado, pero algo no estaba saliendo según lo previsto. Y no sabía lo que era.

Cogió el auricular del viejo teléfono marca Western Electric, que seguía conectado con el alto mando del ejército USA y marcó el número 1. De inmediato una voz le saludó al otro lado y el anciano general McCallaghan dijo:

—Foster, ¿qué o quién es Nitrofoska?

—No lo sabemos mi general. Está en todas partes.

—¿Es usted consciente, Foster, del alcance de lo que está sucediendo?
—Sí mi general, pero de momento no podemos hacer nada. El nitrofoska, en origen era un fertilizante artificial, mierda sintética que se utilizaba para que nuestros vastos campos de soja y maíz creciesen fuertes, nutritivos e inmunes. Debe tratarse de una mutación, general McCallaghan, porque ahora todos nuestros jóvenes pilotos hablan de Nitrofoska, piensan en Nitrofoska, se creen Nitrofoska. Es una auténtica epidemia, una catástrofe, no sabemos cómo abordar este caso señor.


Realidad visual: Kristina Olano KRISPO 
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El general McCallaghan colgó su viejo teléfono marca Western Electric y deslizó la mano hasta el borde derecho de su escritorio de caoba, donde reposaba su viejo Magnum 44, cargado y bien engrasado, listo para ser disparado, listo para matar.


Su viejo teléfono negro con cable marca Western Electric, modelo de 1904 y su Magnum 44 fabricado por Smith & Wesson en 1955 eran las armas de guerra preferidas del anciano y antaño poderoso general MacCallaghan. Con su revolver mató seres humanos. Muchos e inocentes. Luego, con los años, prefirió utilizar el teléfono. Mediante simples llamadas ordenó bombardear y arrasar decenas de poblaciones. Muerte y destrucción al alcance de la mano.


Realidad visual: Kristina Olano KRISPO
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Pero los tiempos han cambiado. Una nueva era ha empezado. Han surgido nuevas armas, armas biónicas capaces de formar parte del ADN humano. Armas fuertes y sólidas como una idea indestructible. HAZ ALGO. Un binomio activo que poco a poco ha entrado a formar parte de la sangre de todos los seres que habitan la galaxia. Un binomio que ya está cambiando el universo.

Cohetes interplanetarios rumbo a Nitrofoska. Astronaves que dibujan el nombre androide en el cielo. Misiles ondeando nitropancartas. Globos aerostáticos elevando  la campaña electoral binaria a lo alto del cielo, donde planean los platillos cósmicos. Donde habitan los sueños.

Vota Nitrofoska. Haz algo.

© Nitrofoska

domingo, 30 de abril de 2017


AUTOESTOPISTA

La semana pasada vi a un autoestopista con un cartel que indicaba: “ASTEROIDE NITROFOSKA”. He quedado muy sorprendido. Me hubiera gustado parar mi nave interplanetaria, bajar y hablar con él, o ella; preguntarle no ya por qué quiere salir de la Tierra, eso me lo imagino, se me ocurren un montón de poderosas razones, sino por qué quiere venir al asteroide XR54, también conocido como asteroide Nitrofoska.

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No he podido parar a coger al autoestopista porque iba a todo nitrógeno hacia la nebulosa Virginia, donde habita Trópika, mi muy jugosa amiga tentacular. Los que seguís mi blog la conoceréis de este artículo del año pasado: 

A causa de la triple expansión estelar que han sufrido en Virginia, las reservas de jugo de frutas se han evaporado casi en su totalidad. Y la propia vida de Trópika está en peligro. Su hermosa danza y sus sabrosos jugos son los que hacen que la galaxia gire sobre su eje, que solsticios y equinoccios tengan permanentes planes de fuga, que órbitas tangenciales converjan en el infinito.

Como veis, amados seres humanos, no podía parar mi nave para recoger al autoestopista, pero me hubiera gustado mucho, muchísimo hacerlo. 

Durante mis largas estancias en la Tierra he visto en más de una ocasión a autoestopistas aislados dirigirse a la luna, incluso existen grupos humanoides que viven largas temporadas en el blanco satélite.

He visto gente flotando, gente planeando, gente atravesando nebulosas y haciendo dedo hacia las más tenebrosas y peligrosas constelaciones. La osadía de algun@s seres human@s no conoce límites a la hora de atravesar desiertos, océanos y atmósferas lejanas. Hasta ahí lo entiendo todo. Pero, ¿¿que quieran venir al asteroide Nitrofoska!??

No sé cómo tomármelo, si como un halago o como un peligro inminente. Imagínense ustedes esto lleno de autoestopistas. En poco tiempo montarían un camping, una agencia de viajes o hasta una ONG.

En fin, ya me estoy preocupando por tonterías, ¡qué delirio! Voy a tomarme otro jugo, que me han quedado un par de garrafas en la aeronave.

Noooo, pero fuera de charla, imagínense que ven ustedes en la autopista a una persona haciendo dedo con un cartel en el que está escrita la dirección de vuestra casa. Mosqueante, ¿no?

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Ayer volví a encontrarme al autoestopista. Bueno… a LA autoestopista, porque bajo la espesa escafandra se cobijaba una hermosa mujer de unos 40 años, de piel morena y hermosos ojos de fieltro rosado. Me dijo que estaba hasta el coño (lo dijo así, con esas palabras) del planeta Tierra, que quería probar suerte lejos de aquí y había oído hablar muy bien del asteroide Nitrofoska.

—¿Y dónde has oído hablar del asteroide Nitrofoska? —le pregunté.

—En la Tierra no se habla de otra cosa, ¿no has oído hablar de Nitrofoska? ¿En qué mundo vives?

—No sabría decirte cuál es mi hogar, organismo humanoide, solo sé que mi mundo está muy lejos de aquí.

Dejé a la autoestopista en el asteroide K5, en las antípodas de la ruta hacia mi nebulosa. Le dije que allí, pronto una aeronave de carga la transportaría a donde ella quisiera. Y es verdad, pero en dirección contraria, porque todos los vehículos pesados del espacio deben atravesar el agujero negro 003… y eso pilla muuy lejos de aquí. Qué alivio.

No es que no me gusten l@s seres humano@s, entiéndanme, pero prefiero ir a visitarlos yo cuando estoy en vena, cuando estoy en órbita ascendente.

Hay muy hermosos seres humanos sobre la Tierra que merecen la pena. Y es importante estar en órbita ascendente. Volar. Volar.

Glugluglugluu qué rico este zumo dios.

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© Nitrofoska 

viernes, 31 de marzo de 2017


EL DIOS STANDARD

Fue por casualidad. Yo no quería llegar a Stålenhag, yo no quería verlo, tener la certeza de que existía. Pero lo vi. Y desde entonces todo ha cambiado en mis circuitos. La información tarda en llegar, en atravesar las bioneuronas. Los iones éticos se revuelven sin cesar, expulsan un vapor nauseabundo que impide que me concentre, que piense, que pueda realizar la más sencilla actividad con un mínimo de precisión y alegría.

Sí, fue por casualidad. Mi nave interplanetaria recorría Alfa Centauro en busca del mítico ALF (Askatasuna Libertaris Felizidanka) cuando un fuerte ruido en los reactores laterales me alertó e hizo que disminuyera la velocidad. Pronto pude ver que algo fallaba y que no podría repararlo sobre la marcha, con lo cual consulté las cartas planetarias en busca de algún oasis ingrávido que me permitiera tomar tierra. Fue entonces cuando leí en la carta “Stålenhag”. Nunca antes había oído hablar de ese planetoide, pero el ruido del reactor no me dejó pensar ni investigar sobre mi nuevo destino. Marqué las coordenadas en el cuadrante sideral y accioné la navegación de emergencia. Una lenta y suave cadencia de vuelo, solo interrumpida por los roncos estallidos del reactor averiado, me acompañó en el descenso.

Ilustración: Simon Stålenhag
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Mi vieja nave interplanetaria Thompson Jet tomó tierra suavemente, sin ningún incidente pese a la avería que me lastraba. Al salir de la cabina, justo frente a mis circuitos oculares vi un ser de metal enorme, colosal. Se trataba de un Dios Standard de metal forjado. Un Dios que recorría lo que parecía una carretera secundaria del planeta Stålenhag. Miles de seres humanos, conectados con el Dios mediante cables y tubos de acero, le seguían en silencio, bajo la lluvia. Todos y cada uno de los seres humanos estaban iluminados por una llama, que surgía de sus cabezas como si fuesen santos recibiendo la revelación o mineros abisales en busca de la verdad suprema. El enorme Dios Standard tenía la cara triste, muy triste, tal vez por la falta de independencia y autoestima que demostraban sus seguidores. O por lo menos eso es lo que me pareció. Él no decía nada, no les decía a sus feligreses lo que estaba bien o lo que estaba mal… se limitaba, como todo buen Dios que se precie, a permanecer en silencio, observando, estudiando, aprendiendo para mejorar eventualmente su aportación a un Universo mejor.

Ilustración: Simon Stålenhag
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Pero los seres humanos seguían sin soltarlo, le pedían instrucciones, normas, reglas, modos de uso, recetas, adiestramiento, orientaciones, pensamientos, orden, análisis, imaginación, preceptos, celebraciones y catástrofes… pero no demasiado ruidosas, para andar por casa, que no descoloquen los cuadros del recibidor o puedan manchar el mantel del comedor.

Seguía lloviendo. A los pies de mi nave interplanetaria empezaba a formarse un extenso charco, irisado por el combustible que goteaba del acumulador.

Las lágrimas, que brotaban tibias e incesantes del Dios Standard, se fundían con la lluvia. Era así como conseguía disimular su decepción y su dolor por la Humanidad. Lluvia, lluvia en la cara.

Porque los seres humanos no se mojan. Algunos incluso llevan artefactos paraguas. Otros se hacen con una barca para poder navegar por el llanto, tanto propio como ajeno. Navegantes de lo absurdo, del espejismo sideral.

De pronto, en medio del diluvio escuché una canción. Una canción que escribí hace muchos años en el lugar en el que nací… donde llueve siempre. Y siempre, allí, es siempre.


Quinientos doce días lloviendo sin parar,
Paseando entre las gotas
Empapándome los pies.
Esperando la inundación que me prometiste el otro día.


Los paraguas se despliegan,
Cabezas bien cubiertas.
Casi me sacan un ojo,
Me queda otro para ver vomitar
A un viejo tuerto y sordo
Que se parece a mí cantidad.

Quinientos doce días lloviendo sin parar
Y así va
Así va



Tras la canción, el Dios Standard de metal miró en mi dirección y suspiró. Creo que también me sacó la lengua.


Lo que más me gusta de la lluvia es el Sol que le sigue. Porque el Sol es nuestro. Y cuando digo nuestro quiero decir de todos.



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domingo, 5 de marzo de 2017


Campaña electoral androide II

LA POLICÍA

—¡Explíquese agente Ramírez!
—Un grupo de seres… no sé cómo explicarlo comandante, seres androides, replicantes, no estoy seguro… no eran humanos… han irrumpido en el puesto de control de publicidad urbana y han colocado anuncios subversivos.
—¡¿Androides?! ¿¡Cómo que androides!? ¿Pero me está usted tomando el pelo Ramírez? A partir de hoy lo de desayunar Solysombra se ha acabado Ramírez.
—Pero si solo he desayunado un bollo y sulfato de café, comandante. Pregúntele a McCoy, que lleva de guardia toda la noche.
—Está bien Ramírez, luego hablaremos usted y yo. Pero… ¡quiten esta publicidad!, ¡¡quítenla de una vez!!
—No podemos comandante, los androides han bloqueado el servidor, que está lanzando su publicidad electoral no sólo en el país, sino en el planeta entero.
—¡¡Hostia!!
—Comandante, comandante,  han aparecido pintadas de este grupo Nitrofoska en las calles de varias ciudades. ¿Qué hacemos comandante, qué hacemos?
—¿Cómo que qué hacen Velásquez? ¡¡DeténganloooOOOOOSS!!


Imagen Kristina Olano KRISPO
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Imagen Kristina Olano KRISPO

A través de los electrosensores que habitan la nebulosa XR-54 hemos conseguido interceptar y grabar algunas conversaciones humanoides.

Enhorabuena a nuestro organismo biónico Olano por su gran trabajo de sabotaje y difusión de la doctrina replicante… del programa político universal androide: HAZ ALGO.

Las conversaciones humanoides: LA POLICÍA. DOS VECINAS. EL ABUELO y sus nietos. LUISILLO, el ser humano que tuvo que limpiar las vallas pintadas por los androides. 

Puedes leerlas todas aquí, en este artículo.

Imagen Kristina Olano KRISPO


DOS VECINAS

—Buenos días vecina, ¿en su plasma también han salido unos andruidas, unos nitrato de foca que piden que les votemos en las elecciones?
—Sí, dicen que hay que hacer algo… yo ya estoy haciendo la comida, no vaya a ser que se presenten todos en casa para comer… y a ver qué les pongo yo como salgan unos cuantos bicharracos, extraterrestres o lo que sean de esa nave especial.
—Lo que sean vecina, pero seguro que a un buen plato de cocido no le van a decir que no.
—Eso tenlo por seguro Maruchi.

                                          Imagen Kristina Olano KRISPO
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EL ABUELO

—¡No inventes abuelo!
—Es cierto pequeños, tan cierto como que nuestros dos soles amanecen cada día.
—¿Quieres decir que en tus tiempos, abuelo, los seres humanos eran los que dirigían el mundo?
—Sí Cronos, así era.
—¡Anda ya abuelo!
—Sí, niños, sí, fueron tiempos muy duros para la Humanidad. Tiempos de oscuridad y barbarie.
—¿Y por qué no ponían máquinas especializadas para eso, como ahora?
—Porque no se daban cuenta del daño que estaban haciendo. Y porque no se les ocurrió lo de las máquinas.
—Buuufff qué garrulos eran los humanos de la prehistoria, abuelito.
—Sí, un poco sí Alix, hasta que llegó la revuelta androide con Nitrofoska, aquello era el CHC, el Caos Humano Continuo, pequeña.
—Jajajajjajajaa qué gracioso eres abuelo, qué cosas se te ocurren. ¡Vámonos a la estratosfera Cronos!
—¡Síiiii, vamos!
—Abrigaos niños, y cubríos bien, que hoy las nubes llevan mucho nitrozono.

Imagen Kristina Olano KRISPO



LUISILLO

Luisillo se levantó sobresaltado. El teléfono sonaba insistente, una y otra vez RIIIIIIIIIN RIIIIIIINGG, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIING
—¿Dígame?

—Luisillo, coge tus cosas, arranca la furgonave y vete volando a los polígonos del Este, unos gamberros han pintarrajeado TODOS los muros que encalaste ayer.

—Buenos días jefe, ¿cómo dice?

—¿No me has oído o qué? ¡Que salgas volando hacia el Este! …de camino te doy los detalles por el tubo de red.

Más tarde, ya en la furgonave, sin haber tenido tiempo de tomar ni un triste sulfato de café, ni un plátano transgénico, ni siquiera un vaso de agua, Luisillo supo que un grupo de seres mecánicos… algo así como robots, habían arruinado su duro trabajo del día anterior. Cuatro muros encalados y pintados de arriba abajo… con el calor que había hecho buuufff, no lo podía creer.
Luisillo estaba rabioso e indignado. Cuando vio el estado en que habían quedado “sus” muros insultó mentalmente a los gamberros, a los robots, a los droides y en realidad a todo bicho viviente. También a su jefe. Su ira era planetaria.
No obstante, cuenta la leyenda que poco después, en las elecciones de la Galaxia, Luisillo votó Nitrofoska, votó al partido de los ciborgs y androides. Desconocemos el motivo, pero así fue. Tal era el poder de convicción de aquellas extrañas criaturas cósmicas, medio mecánicas y medio humanas.

RIIIIIIIIIN RIIIIIIINGG, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIING. El teléfono sonaba insistente aquella madrugada de invierno en el asteroide. Luisillo descolgó el fonotubo y sin dar tiempo de pronunciar palabra a su interlocutor, dijo:
—Vote Nitrofoska jefe, vote Nitrofoska y deje de dar por el culo.

Imagen Kristina Olano KRISPO



TROIKA

En la escuela de la nebulosa XR-54.

—Hola niños, bienvenidos al primer día de escuela. 
¿Qué sabéis sobre la Troika?

¿Qué seres humanos componen la Troika?

¿Quién ha elegido a la Troika?

¿A qué mecanismos democráticos responde su funcionamiento?

Los niños, a coro (escuchar el documento sonoro aquí debajo):

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