Relatos

martes, 30 de mayo de 2017

NITROCIELO

El retirado y ya anciano general MacCallaghan contempló el cielo con una mezcla de asombro, inquietud y desconfianza en el futuro. Su legendaria seguridad en sí mismo y en el poderoso ejército que había comandado con brazo de hierro se resquebrajó al ver a uno de sus mejores cuatrimotores surcar el cielo ondeando una pancarta en la que se leía “Vota Nitrofoska” en letras capitales negras.

Realidad visual: Kristina Olano KRISPO
Click en la imagen para ampliar

El general creía firmemente haberlo dejado todo atado y bien atado, pero algo no estaba saliendo según lo previsto. Y no sabía lo que era.

Cogió el auricular del viejo teléfono marca Western Electric, que seguía conectado con el alto mando del ejército USA y marcó el número 1. De inmediato una voz le saludó al otro lado y el anciano general McCallaghan dijo:

—Foster, ¿qué o quién es Nitrofoska?

—No lo sabemos mi general. Está en todas partes.

—¿Es usted consciente, Foster, del alcance de lo que está sucediendo?
—Sí mi general, pero de momento no podemos hacer nada. El nitrofoska, en origen era un fertilizante artificial, mierda sintética que se utilizaba para que nuestros vastos campos de soja y maíz creciesen fuertes, nutritivos e inmunes. Debe tratarse de una mutación, general McCallaghan, porque ahora todos nuestros jóvenes pilotos hablan de Nitrofoska, piensan en Nitrofoska, se creen Nitrofoska. Es una auténtica epidemia, una catástrofe, no sabemos cómo abordar este caso señor.


Realidad visual: Kristina Olano KRISPO 
Click en la imagen para ampliar

El general McCallaghan colgó su viejo teléfono marca Western Electric y deslizó la mano hasta el borde derecho de su escritorio de caoba, donde reposaba su viejo Magnum 44, cargado y bien engrasado, listo para ser disparado, listo para matar.


Su viejo teléfono negro con cable marca Western Electric, modelo de 1904 y su Magnum 44 fabricado por Smith & Wesson en 1955 eran las armas de guerra preferidas del anciano y antaño poderoso general MacCallaghan. Con su revolver mató seres humanos. Muchos e inocentes. Luego, con los años, prefirió utilizar el teléfono. Mediante simples llamadas ordenó bombardear y arrasar decenas de poblaciones. Muerte y destrucción al alcance de la mano.


Realidad visual: Kristina Olano KRISPO
Click en la imagen para ampliar

Pero los tiempos han cambiado. Una nueva era ha empezado. Han surgido nuevas armas, armas biónicas capaces de formar parte del ADN humano. Armas fuertes y sólidas como una idea indestructible. HAZ ALGO. Un binomio activo que poco a poco ha entrado a formar parte de la sangre de todos los seres que habitan la galaxia. Un binomio que ya está cambiando el universo.

Cohetes interplanetarios rumbo a Nitrofoska. Astronaves que dibujan el nombre androide en el cielo. Misiles ondeando nitropancartas. Globos aerostáticos elevando  la campaña electoral binaria a lo alto del cielo, donde planean los platillos cósmicos. Donde habitan los sueños.

Vota Nitrofoska. Haz algo.

© Nitrofoska

domingo, 30 de abril de 2017


AUTOESTOPISTA

La semana pasada vi a un autoestopista con un cartel que indicaba: “ASTEROIDE NITROFOSKA”. He quedado muy sorprendido. Me hubiera gustado parar mi nave interplanetaria, bajar y hablar con él, o ella; preguntarle no ya por qué quiere salir de la Tierra, eso me lo imagino, se me ocurren un montón de poderosas razones, sino por qué quiere venir al asteroide XR54, también conocido como asteroide Nitrofoska.

 Click en la imagen para ampliar

No he podido parar a coger al autoestopista porque iba a todo nitrógeno hacia la nebulosa Virginia, donde habita Trópika, mi muy jugosa amiga tentacular. Los que seguís mi blog la conoceréis de este artículo del año pasado: 

A causa de la triple expansión estelar que han sufrido en Virginia, las reservas de jugo de frutas se han evaporado casi en su totalidad. Y la propia vida de Trópika está en peligro. Su hermosa danza y sus sabrosos jugos son los que hacen que la galaxia gire sobre su eje, que solsticios y equinoccios tengan permanentes planes de fuga, que órbitas tangenciales converjan en el infinito.

Como veis, amados seres humanos, no podía parar mi nave para recoger al autoestopista, pero me hubiera gustado mucho, muchísimo hacerlo. 

Durante mis largas estancias en la Tierra he visto en más de una ocasión a autoestopistas aislados dirigirse a la luna, incluso existen grupos humanoides que viven largas temporadas en el blanco satélite.

He visto gente flotando, gente planeando, gente atravesando nebulosas y haciendo dedo hacia las más tenebrosas y peligrosas constelaciones. La osadía de algun@s seres human@s no conoce límites a la hora de atravesar desiertos, océanos y atmósferas lejanas. Hasta ahí lo entiendo todo. Pero, ¿¿que quieran venir al asteroide Nitrofoska!??

No sé cómo tomármelo, si como un halago o como un peligro inminente. Imagínense ustedes esto lleno de autoestopistas. En poco tiempo montarían un camping, una agencia de viajes o hasta una ONG.

En fin, ya me estoy preocupando por tonterías, ¡qué delirio! Voy a tomarme otro jugo, que me han quedado un par de garrafas en la aeronave.

Noooo, pero fuera de charla, imagínense que ven ustedes en la autopista a una persona haciendo dedo con un cartel en el que está escrita la dirección de vuestra casa. Mosqueante, ¿no?

——————————————————————————————————————————

Ayer volví a encontrarme al autoestopista. Bueno… a LA autoestopista, porque bajo la espesa escafandra se cobijaba una hermosa mujer de unos 40 años, de piel morena y hermosos ojos de fieltro rosado. Me dijo que estaba hasta el coño (lo dijo así, con esas palabras) del planeta Tierra, que quería probar suerte lejos de aquí y había oído hablar muy bien del asteroide Nitrofoska.

—¿Y dónde has oído hablar del asteroide Nitrofoska? —le pregunté.

—En la Tierra no se habla de otra cosa, ¿no has oído hablar de Nitrofoska? ¿En qué mundo vives?

—No sabría decirte cuál es mi hogar, organismo humanoide, solo sé que mi mundo está muy lejos de aquí.

Dejé a la autoestopista en el asteroide K5, en las antípodas de la ruta hacia mi nebulosa. Le dije que allí, pronto una aeronave de carga la transportaría a donde ella quisiera. Y es verdad, pero en dirección contraria, porque todos los vehículos pesados del espacio deben atravesar el agujero negro 003… y eso pilla muuy lejos de aquí. Qué alivio.

No es que no me gusten l@s seres humano@s, entiéndanme, pero prefiero ir a visitarlos yo cuando estoy en vena, cuando estoy en órbita ascendente.

Hay muy hermosos seres humanos sobre la Tierra que merecen la pena. Y es importante estar en órbita ascendente. Volar. Volar.

Glugluglugluu qué rico este zumo dios.

                                Click en la imagen para ampliar

© Nitrofoska 

viernes, 31 de marzo de 2017


EL DIOS STANDARD

Fue por casualidad. Yo no quería llegar a Stålenhag, yo no quería verlo, tener la certeza de que existía. Pero lo vi. Y desde entonces todo ha cambiado en mis circuitos. La información tarda en llegar, en atravesar las bioneuronas. Los iones éticos se revuelven sin cesar, expulsan un vapor nauseabundo que impide que me concentre, que piense, que pueda realizar la más sencilla actividad con un mínimo de precisión y alegría.

Sí, fue por casualidad. Mi nave interplanetaria recorría Alfa Centauro en busca del mítico ALF (Askatasuna Libertaris Felizidanka) cuando un fuerte ruido en los reactores laterales me alertó e hizo que disminuyera la velocidad. Pronto pude ver que algo fallaba y que no podría repararlo sobre la marcha, con lo cual consulté las cartas planetarias en busca de algún oasis ingrávido que me permitiera tomar tierra. Fue entonces cuando leí en la carta “Stålenhag”. Nunca antes había oído hablar de ese planetoide, pero el ruido del reactor no me dejó pensar ni investigar sobre mi nuevo destino. Marqué las coordenadas en el cuadrante sideral y accioné la navegación de emergencia. Una lenta y suave cadencia de vuelo, solo interrumpida por los roncos estallidos del reactor averiado, me acompañó en el descenso.

Ilustración: Simon Stålenhag
Click en la imagen para ampliar

Mi vieja nave interplanetaria Thompson Jet tomó tierra suavemente, sin ningún incidente pese a la avería que me lastraba. Al salir de la cabina, justo frente a mis circuitos oculares vi un ser de metal enorme, colosal. Se trataba de un Dios Standard de metal forjado. Un Dios que recorría lo que parecía una carretera secundaria del planeta Stålenhag. Miles de seres humanos, conectados con el Dios mediante cables y tubos de acero, le seguían en silencio, bajo la lluvia. Todos y cada uno de los seres humanos estaban iluminados por una llama, que surgía de sus cabezas como si fuesen santos recibiendo la revelación o mineros abisales en busca de la verdad suprema. El enorme Dios Standard tenía la cara triste, muy triste, tal vez por la falta de independencia y autoestima que demostraban sus seguidores. O por lo menos eso es lo que me pareció. Él no decía nada, no les decía a sus feligreses lo que estaba bien o lo que estaba mal… se limitaba, como todo buen Dios que se precie, a permanecer en silencio, observando, estudiando, aprendiendo para mejorar eventualmente su aportación a un Universo mejor.

Ilustración: Simon Stålenhag
Click en la imagen para ampliar

Pero los seres humanos seguían sin soltarlo, le pedían instrucciones, normas, reglas, modos de uso, recetas, adiestramiento, orientaciones, pensamientos, orden, análisis, imaginación, preceptos, celebraciones y catástrofes… pero no demasiado ruidosas, para andar por casa, que no descoloquen los cuadros del recibidor o puedan manchar el mantel del comedor.

Seguía lloviendo. A los pies de mi nave interplanetaria empezaba a formarse un extenso charco, irisado por el combustible que goteaba del acumulador.

Las lágrimas, que brotaban tibias e incesantes del Dios Standard, se fundían con la lluvia. Era así como conseguía disimular su decepción y su dolor por la Humanidad. Lluvia, lluvia en la cara.

Porque los seres humanos no se mojan. Algunos incluso llevan artefactos paraguas. Otros se hacen con una barca para poder navegar por el llanto, tanto propio como ajeno. Navegantes de lo absurdo, del espejismo sideral.

De pronto, en medio del diluvio escuché una canción. Una canción que escribí hace muchos años en el lugar en el que nací… donde llueve siempre. Y siempre, allí, es siempre.


Quinientos doce días lloviendo sin parar,
Paseando entre las gotas
Empapándome los pies.
Esperando la inundación que me prometiste el otro día.


Los paraguas se despliegan,
Cabezas bien cubiertas.
Casi me sacan un ojo,
Me queda otro para ver vomitar
A un viejo tuerto y sordo
Que se parece a mí cantidad.

Quinientos doce días lloviendo sin parar
Y así va
Así va



Tras la canción, el Dios Standard de metal miró en mi dirección y suspiró. Creo que también me sacó la lengua.


Lo que más me gusta de la lluvia es el Sol que le sigue. Porque el Sol es nuestro. Y cuando digo nuestro quiero decir de todos.




domingo, 5 de marzo de 2017


Campaña electoral androide II

LA POLICÍA

—¡Explíquese agente Ramírez!
—Un grupo de seres… no sé cómo explicarlo comandante, seres androides, replicantes, no estoy seguro… no eran humanos… han irrumpido en el puesto de control de publicidad urbana y han colocado anuncios subversivos.
—¡¿Androides?! ¿¡Cómo que androides!? ¿Pero me está usted tomando el pelo Ramírez? A partir de hoy lo de desayunar Solysombra se ha acabado Ramírez.
—Pero si solo he desayunado un bollo y sulfato de café, comandante. Pregúntele a McCoy, que lleva de guardia toda la noche.
—Está bien Ramírez, luego hablaremos usted y yo. Pero… ¡quiten esta publicidad!, ¡¡quítenla de una vez!!
—No podemos comandante, los androides han bloqueado el servidor, que está lanzando su publicidad electoral no sólo en el país, sino en el planeta entero.
—¡¡Hostia!!
—Comandante, comandante,  han aparecido pintadas de este grupo Nitrofoska en las calles de varias ciudades. ¿Qué hacemos comandante, qué hacemos?
—¿Cómo que qué hacen Velásquez? ¡¡DeténganloooOOOOOSS!!


Imagen Kristina Olano KRISPO
Click en la imagen para ampliar

Imagen Kristina Olano KRISPO

A través de los electrosensores que habitan la nebulosa XR-54 hemos conseguido interceptar y grabar algunas conversaciones humanoides.

Enhorabuena a nuestro organismo biónico Olano por su gran trabajo de sabotaje y difusión de la doctrina replicante… del programa político universal androide: HAZ ALGO.

Las conversaciones humanoides: LA POLICÍA. DOS VECINAS. EL ABUELO y sus nietos. LUISILLO, el ser humano que tuvo que limpiar las vallas pintadas por los androides. 

Puedes leerlas todas aquí, en este artículo.

Imagen Kristina Olano KRISPO


DOS VECINAS

—Buenos días vecina, ¿en su plasma también han salido unos andruidas, unos nitrato de foca que piden que les votemos en las elecciones?
—Sí, dicen que hay que hacer algo… yo ya estoy haciendo la comida, no vaya a ser que se presenten todos en casa para comer… y a ver qué les pongo yo como salgan unos cuantos bicharracos, extraterrestres o lo que sean de esa nave especial.
—Lo que sean vecina, pero seguro que a un buen plato de cocido no le van a decir que no.
—Eso tenlo por seguro Maruchi.

                                          Imagen Kristina Olano KRISPO
                                         Click en la imagen para ampliar


EL ABUELO

—¡No inventes abuelo!
—Es cierto pequeños, tan cierto como que nuestros dos soles amanecen cada día.
—¿Quieres decir que en tus tiempos, abuelo, los seres humanos eran los que dirigían el mundo?
—Sí Cronos, así era.
—¡Anda ya abuelo!
—Sí, niños, sí, fueron tiempos muy duros para la Humanidad. Tiempos de oscuridad y barbarie.
—¿Y por qué no ponían máquinas especializadas para eso, como ahora?
—Porque no se daban cuenta del daño que estaban haciendo. Y porque no se les ocurrió lo de las máquinas.
—Buuufff qué garrulos eran los humanos de la prehistoria, abuelito.
—Sí, un poco sí Alix, hasta que llegó la revuelta androide con Nitrofoska, aquello era el CHC, el Caos Humano Continuo, pequeña.
—Jajajajjajajaa qué gracioso eres abuelo, qué cosas se te ocurren. ¡Vámonos a la estratosfera Cronos!
—¡Síiiii, vamos!
—Abrigaos niños, y cubríos bien, que hoy las nubes llevan mucho nitrozono.

Imagen Kristina Olano KRISPO



LUISILLO

Luisillo se levantó sobresaltado. El teléfono sonaba insistente, una y otra vez RIIIIIIIIIN RIIIIIIINGG, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIING
—¿Dígame?

—Luisillo, coge tus cosas, arranca la furgonave y vete volando a los polígonos del Este, unos gamberros han pintarrajeado TODOS los muros que encalaste ayer.

—Buenos días jefe, ¿cómo dice?

—¿No me has oído o qué? ¡Que salgas volando hacia el Este! …de camino te doy los detalles por el tubo de red.

Más tarde, ya en la furgonave, sin haber tenido tiempo de tomar ni un triste sulfato de café, ni un plátano transgénico, ni siquiera un vaso de agua, Luisillo supo que un grupo de seres mecánicos… algo así como robots, habían arruinado su duro trabajo del día anterior. Cuatro muros encalados y pintados de arriba abajo… con el calor que había hecho buuufff, no lo podía creer.
Luisillo estaba rabioso e indignado. Cuando vio el estado en que habían quedado “sus” muros insultó mentalmente a los gamberros, a los robots, a los droides y en realidad a todo bicho viviente. También a su jefe. Su ira era planetaria.
No obstante, cuenta la leyenda que poco después, en las elecciones de la Galaxia, Luisillo votó Nitrofoska, votó al partido de los ciborgs y androides. Desconocemos el motivo, pero así fue. Tal era el poder de convicción de aquellas extrañas criaturas cósmicas, medio mecánicas y medio humanas.

RIIIIIIIIIN RIIIIIIINGG, RIIIIIIIIIIIIIIIIIIING. El teléfono sonaba insistente aquella madrugada de invierno en el asteroide. Luisillo descolgó el fonotubo y sin dar tiempo de pronunciar palabra a su interlocutor, dijo:
—Vote Nitrofoska jefe, vote Nitrofoska y deje de dar por el culo.

Imagen Kristina Olano KRISPO



TROIKA

En la escuela de la nebulosa XR-54.

—Hola niños, bienvenidos al primer día de escuela. 
¿Qué sabéis sobre la Troika?

¿Qué seres humanos componen la Troika?

¿Quién ha elegido a la Troika?

¿A qué mecanismos democráticos responde su funcionamiento?

Los niños, a coro (escuchar el documento sonoro aquí debajo):



miércoles, 8 de febrero de 2017


Harinas Irradiadas Artiach

Como algunos de ustedes ya saben, amados seres humanos, soy una creación androide del profesor Simónides, que me dio a luz en su laboratorio de la nebulosa Bolívar89, un inmenso hangar atestado de hermosas naves imposibles y fabulosos artefactos capaces de cruzar el universo.

No obstante, al intentar conocer mi pasado, mis circuitos se colapsan, entran en un estado de extrema confusión. Mis recuerdos reales y el conocimiento implantado en mis circuitos de memoria se mezclan en un largo y oscuro pasillo jalonado de puertas y floreros vacíos.

Hoy, mi madre me ha contado una historia que arroja luz sobre algunos de mis aspectos más androidales.

Click en la imagen para ampliar

Mi madre nació en 1940, tras la devastadora guerra civil. De niña fue muy pálida y delgada, en parte por la falta de alimentos, imposibles de conseguir, por lo menos en San Sebastián ciudad. Para ilustrar su mal aspecto de niña, me ha contado que estando con su abuelo, mi bisabuelo Armando, en el parque de Alderdi Eder jugando con José Luis y Maite, sus dos hermanos mayores, sanos y robustos, alguien se acercó preguntando por los tres niños. Mi bisabuelo Armando presentó a mi tío, el mayor, luego a mi tía, la mediana, y cuando le llegó el turno a mi madre, Armando dijo: “Y esta, la pobre, es la pequeña”.

Cuenta mi madre que mi abuela Pepa, su madre, había alimentado con abundante leche de pecho (costumbre muy extendida entre los seres humanos) a sus dos hijos mayores, pero que debido a la pobre y escasa alimentación de los años 40 no pudo alimentar en condiciones a su hija pequeña, mi madre, y esto la tenía muy triste y preocupada.

En el cumpleaños de mi abuela Pepa, mi bisabuelo Armando le regaló mil pesetas de la época. Mi abuela Pepa se gastó las mil pesetas en Harinas Irradiadas Artiach para alimentar a su hija Cristina… mi madre.

Sí, han leído ustedes bien, amados seres humanos, “harinas irradiadas”. Con lo cual, tras conocer esta historia he despejado algunas dudas sobre el funcionamiento de mi ciberorganismo.

He investigado acerca de dichas radiaciones y he encontrado lo siguiente: “La irradiación de alimentos consiste en exponerlos a energía procedente de fuentes como los rayos gamma, los rayos X o los haces de electrones. La irradiación no hace que los alimentos sean radioactivos.”

Click en la imagen para ampliar

Radioactivos tal vez no, pero un poco siderales sí, porque yo noto perfectamente la energía atómica moverse en un denso caos rítmico a través de mis circuitos de titanio y hojalata. En ocasiones los electrones bailan. Otras veces los neutrones toman el control de la situación biomecánica y las tardes son plácidas y dilatadas. La mayoría de las veces los rayos gamma y los rayos X conviven como pueden con electrones, protones, subidones de adrenalina y bajadas de moral. Mis circuitos sienten día a día, bit a bit los portentosos efectos de las Harinas Irradiadas Artiach.

El amor de mi abuela y de mi madre, sumados a la refinada técnica del profesor Simónides han hecho de mí lo que soy, amados seres humanos, un androide turbonucléico en estado explosivo, y cuyo único combustible es el Amor.


Muchas gracias a mi madre por contarme esta historia. A mis tíos José Luis y Maite por ser tan guapos y robustos. A mi abuela Pepa por comprar tan ingente cantidad de radiaciones cósmicas y a mi bisabuelo Armando por soltar las mil lucas. Muchas gracias a todos. Ocupan un lugar muy importante en mi corazón biónico.

martes, 6 de diciembre de 2016


El candroide justiciero

Sucedió al empezar el ciclo nocturno del asteroide Eunice, en la órbita de Juno. El atardecer era plácido, de tintes pastel y silencio boreal. Yo bebía una triglina recostado en una de las sedosas hamacas que se distribuían por la playa de magnesio.

Unos metros a mi izquierda, un candroide encendía un cigarrillo de la marca Atómiko, de pie, acomodado sobre sus poderosas patas traseras, contemplando el ocaso mientras saboreaba el humo del uranio enriquecido.

Era tanta la tranquilidad de aquel anochecer en Eunice, que ni la Medium  Medusa hubiera podido adivinar esto que va a suceder a continuación.

 Click en la imagen para ampliar

Una vieja furgoneta Volkswagen de 2021 aparece rodando sobre la playa. No es frecuente que un vehículo circule sobre el magnesio. Va despacio, dejando una densa nube gris a su paso.

Se detiene a mi altura, como a cien metros frente a la atalaya donde estamos el candroide y yo.

Se abre la puerta lateral de la furgoneta y sale un organismo esquizoide, un humano grande, como de cien kilos de peso, vestido con uniforme de vigilante color caqui, como un carcelero orbital.

Saca una jaula en la que un perro de cuatro patas, de los que ya escasean en la galaxia, ladra enloquecido. Muerde los barrotes. Sus enormes dientes brillan sobre los últimos rayos de sol.

El carcelero pone la jaula delante de la furgoneta, donde los focos encendidos crean un halo incandescente.

Un vehículo se acerca por el otro extremo de la playa. Se trata de una pequeña nave, un platillo despresurizado de fabricación casera que se acerca despacio, acariciando el aire, a pocos centímetros sobre la arena de magnesio. Lleva las luces encendidas, abriendo un pasillo luminoso en el denso crepúsculo. Cuando su haz de luz forma una intersección con el que proyecta la Volkswagen, el platillo se detiene.

A mi lado, el candroide aspira una profuna calada de su cigarrillo marca Atómiko.

Del platillo despresurizado sale un grupo de tres seres humanos, dos hombres y una mujer de raza blanca terrestre. Hablan a gritos en una lengua centroeuropea. La noche cambia de color. Los focos de los vehículos hacen desaparecer la lluvia estelar.

Los humanoides del platillo sacan una jaula con un perro de pelea. El perro ladra frenético en la jaula. Los humanoides bromean entre ellos y lanzan alaridos desafiantes al carcelero. Le dicen que le han puesto dientes de titanio a su perro de pelea, que lo va a triturar al otro.

Click en la imagen para ampliar

El carcelero pone las largas de su furgoneta, la luz invade la playa, el magnesio brilla con sus reflejos metálicos, peligrosos, su reflejo de veneno.

Las dos jaulas, los dos perros, frente a frente, en una pelea que los dejará destrozados de por vida. O tal vez muertos.

El grupo centroeuropeo muestra una bolsa con diamantes de Sudáfrica. El carcelero muestra a su vez su bolsa de diamantes. La apuesta está hecha. El ganador se quedará con todo.

Se abren las dos jaulas. Los perros se tiran uno contra el otro. Ahora sí los veo bien bajo los focos. Son un Pitbull  y un Rottweiler. Tremendos los dos. Fuertes, ágiles, hambrientos, adiestrados para matar. Veo brillar la dentadura de titanio del Pitbull, que ya ha hundido sus dientes en la piel de su rival.

A mi lado, el candroide saca del interior de su cazadora un arma negurítica de doble cañón vacilado, capaz de abatir cualquier tipo de criatura orbital de un solo tiro. El candroide mira su arma, me mira a mí, luego otra vez al arma y luego al frente, donde los dos perros pelean a muerte.

El candroide baja caminando despacio hasta la playa. Cuando se encuentra ya muy cerca de los haces de luz que proyectan los dos vehículos veo que empuña su arma. Los humanos centroeuropeos y el carcelero no le dedican ni una sola mirada, absortos en la pelea. El candroide dispara una vez. El centroeuropeo del bigote cae fulminado sobre la arena de magnesio con una mezcla de asombro e incredulidad pintada en el rostro. Entonces los otros comprenden lo que está pasando y miran al candroide. Pero ya es tarde para ellos, no les da tiempo a echar mano a sus armas. El candroide lanza otros tres disparos. Tres cuerpos humanos más se desploman sobre la metálica alfombra de magnesio.

Los perros siguen peleando, ajenos a lo que está pasando.

El candroide se agacha en la arena. Guarda su arma negurítica de doble cañón vacilado en el interior de su cazadora de cuero, de la que saca una especie de cuchara cromada. Despacio, muy despacio, con ayuda de la cuchara le saca los ojos de sus cuencas al carcelero. Se las arroja a los perros, que pelean ya con menos convicción, extrañados de sentirse tan solos. El candroide va sacando los ojos uno a uno a los cuatro humanos. Les tira a los perros los cuatro pares de ojos. Los perros han dejado de pelear y olfatean los globos oculares, los lamen. El Pitbull se anima a mordisquear uno de ellos. El Rottweiler le sigue. Devoran los ojos.

El candroide se levanta, se acerca a la furgoneta Volkswagen y apaga el motor y las luces. Hace lo mismo con el platillo despresurizado. La oscuridad regresa a la playa de magnesio. Las estrellas vuelven a brillar en el oscuro cielo del asteroide Eunice. Los perros giran en redondo, desconcertados. Empiezan a caminar por la playa, sin rumbo, libres.

El candroide se acerca a la orilla, que está creciendo y se encuentra ya muy cerca de los humanoides muertos. Limpia la cuchara cromada en el agua de mar y la guarda en el bolsillo interior de su cazadora, junto al arma. Luego se limpia las zarpas, las deja secar a la brisa nocturna, se da la vuelta y regresa a la atalaya muy lentamente, hundiendo sus botas de fibra sideral en la arena.

La marea sigue creciendo y arrastra los cuerpos de los seres humanos hacia el interior, hacia los dominios de Neptuno, con quien deberán ajustar cuentas.

El candroide se tumba en una hamaca, pide una triglina y enciende un Atómiko. Yo pido otra triglina. Hace una noche maravillosa.

domingo, 27 de noviembre de 2016


ISIS en la línea 3

Metro de Madrid. Muchos seres humanos y algún androide en el vagón de la línea 3, la amarilla, como el oro que brilla, como la arena del desierto de Arabia,como la ilusión que contiene la rabia.

En el exterior hace frío. Los seres vivos van con pesados abrigos, algunos con bufanda.

Un hombre sentado frente a mí en el vagón está hablando a media voz, recitando algo en árabe con sílabas entrecortadas. Es joven, un humanoide de unos 30 años. Mira fijamente al suelo mientras pronuncia con determinación y fuerza cada sílaba. Lleva unas brillantes zapatillas deportivas de color negro. Unos pantalones también negros, de un tejido moderno, flexible pero espeso, ceñidos a unas piernas robustas. Una camiseta blanca de algodón se ajusta a un torso musculoso. Sus poderosos bíceps lucen desnudos a pesar del frío exterior.

Click en la imagen para ampliar

A sus pies hay una mochila.

Una mochila llena de cosas.

O una bomba. Igual es una bomba. Con la cara que tiene el tío es lo más probable.

No puedo dejar de mirar alternativamente al árabe y a la mochila. Alternativamente al kamikaze y a la bomba.

Pienso en la explosión, en el ruido que hará ese artefacto del demonio cuando estalle. 

Pienso en todos los seres humanos que van a morir.

Pienso en qué es lo que debo hacer.

Levantarme y salir del vagón y del metro a toda ostia.

Dar la voz de alarma para que todo el mundo salga del vagón y del metro y el árabe se quede a solas con su bomba y le estalle entre los huevos. Si es que los tiene.

Me quedo inmóvil unos minutos, agarrotado; escuchando la violenta letanía del ser humano árabe.

Blablabla Alá bla Alá blabla Alá blablabla Alá Alá.

Sigo paralizado.

Una parada de metro.

Otra parada más.

Mis circuitos motrices hipnotizados por la letanía y el peligro.

En Callao, el árabe  se levanta, coge su mochila y se va.

Me bajo en la siguiente, en plaza de España.

Me cuesta caminar. La tensión me agarrota los circuitos.

Me acerco a la estatua de Don Quijote y Sancho y me siento a su lado.

Unos minutos después me parece escuchar a lo lejos una explosión.

Deben haber sido los chiquillos de mis vecinos chinos, que les gusta la pólvora a rabiar.

martes, 22 de noviembre de 2016


El prestidigitador de Gumbo

Desde hace unas cuantas lunas terrestres tengo un sueño que se me repite cada noche, al alba. No sé si tengo los circuitos Morfeo sucios de arena por el verano, es posible, pero el caso es que el sueño se repite como un programa rayado.

Click en la imagen para ver el GIF completo


Estoy en la nebulosa Korkuera, en un teatro muy grande y oscuro, a lo alto, como si estuviera viendo el espectáculo desde un quinto piso. Un prestidigitador de la galaxia Gumbo mueve sus cuatro manos en todas direcciones, lentamente, para luego restallar con un movimiento rápido como un latigazo que hace aparecer ante tus ojos naves interplanetarias imposibles, animales fantásticos o tus propios recuerdos envueltos en luces y aromas planetarios.

El prestidigitador de Gumbo, allí, bajo los 5 pisos, materializa tus sueños, tus deseos o aquellos lugares que marcaron tu vida. Cada criatura orbital ve un espectáculo único y distinto, en eso estriba el particular talento de este mago del espacio.

En un momento del espectáculo empieza a sonar sobre el profundo silencio un bordón sordo y continuo, como la pesada órbita de un planeta gigantesco que se abriera paso en el espacio. La luz se hace de pronto más intensa y poco a poco lo inunda todo… el escenario, el patio de butacas, los palcos, los pliegues del inmenso telón que cuelga desde las almenas… y el rostro alucinado de todas y cada una de las criaturas orbitales que concentran sus circuitos ópticos en las prodigiosas manos del mago de Gumbo.

Es entonces cuando aparece ahí, en una de sus manos desnudas, una galaxia completa, con todos sus sueños y deseos intactos. La imagen me transporta al lugar en el que nací, la nebulosa Simónides, y empieza el viaje.

Pero cuando estoy en lo mejor, me despierto y… ¡hostia!, estoy en un teatro de 5 pisos.

¿Pero esto es un sueño, o es la realidad?

Siempre me pasa igual. Voy a tener que limpiar los circuitos de la arena del verano, bueno, o de cosas peores.

viernes, 11 de noviembre de 2016


GAFE

Anoche llegó a la nebulosa un extranjero. Era un organismo raíz, un extraño ser de más allá de la frontera sideral. Cenó con nosotros y nos embarcamos en una interesante charla sobre los recientes sucesos de la Galaxia. A pesar de las dificultades idiomáticas nos entendíamos bastante bien en hispanglés orbital. Pero llegó un momento en que apareció la palabra “gafe”. Intenté explicársela con sus sinónimos “aguafiestas” o “cenizo”, pero el organismo raíz no caía. Entonces Carlos el Dibu le hizo este giff que les comparto, amados seres humanos. Le dice Carlos al organismo raíz, con su afilada voz de plumilla y tinta china: “Un gafe es un ser al que le pasa esto.” Y ahí entendió.

 Click en la imagen para ver el GIFF completo

viernes, 9 de septiembre de 2016


La galaxia Olano

En la galaxia Olano las montañas flotan. No, no es una metáfora o una forma de hablar. Flotan de verdad, se desplazan por la atmósfera en busca de una cordillera en la que acoplarse.

Las montañas olanianas, llegada la madurez geológica, se desprenden de la cordillera que las vio nacer y emprenden un largo viaje en busca de un nuevo grupo montañoso con el que poder crecer.

Esto, como es sabido, genera no pocos inconvenientes a los habitantes de Olano. Más de uno ha visto cómo la casa que tanto empeño había puesto en construir se va volando a lomos de la montaña donde se alojaba.

click en la imagen para ampliar

Luego cada cual pone remedio a la fuga de las montañas como puede. Mahoma es uno de los más famosos habitantes de la galaxia Olano. A Mahoma la montaña se le largó con su casa, su hacienda y todo su pueblo. Como era un ser humano muy reflexivo, se sentó en un pedrusco que había quedado suelto y llegó a una muy sensata conclusión. Mahoma, tras meditar sobre su nueva suerte durante algunos años dijo: “Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”. Y se puso en camino. Lo malo de su acertada decisión fue que tardó mucho tiempo en tomarla y la montaña ya había rehecho su vida junto a un macizo volcánico. Mahoma nunca la encontró.

                                                    click en la imagen para ampliar

Aunque hay que decir que la movilidad montañil también ha beneficiado a no pocas criaturas orbitales. Es notable el caso de una piloto interplanetaria que tras un grave accidente quedó paralítica. No podía mover su organismo biónico, ni tampoco era capaz de pilotar una sencilla nave de recreo. Pero entonces, cuando ya daba todo por perdido y sus circuitos mentales se hundían en un oscuro pozo, la montaña en la que estaba sentada se elevó sobre la ciudad e inició un lento y largo viaje con su pasajera a bordo. Esto la hizo feliz. Se cuenta que gracias a la alegría que le produjo este acontecimiento recobró gran parte de su movilidad.

click en la imagen para ampliar

Afortunadamente, en esta época del año las montañas de Olano se desprenden con más frecuencia, y es habitual verlas planear en busca de su piloto, de su profeta, de su macizo, de la incandescente lava. De su propia galaxia.


          
click en la imagen para ampliar


Coordenadas de la galaxia Olano: Ikusi Batusi  

No hay comentarios:

Publicar un comentario